Vicente Rojo, un pilar de la Gráfica en México

Vicente Rojo, un pilar de la Gráfica en México

“Cada una de sus obras es un objeto de belleza y una fuente de placer que niega por un instante la fealdad sin límites que nos rodea por todas partes en la capital más horrible del mundo”. José Emilio Pacheco.

Posterior al movimiento muralista en México, llegó la generación de la Ruptura, la cual vino a estremecer la producción artística vinculada al gobierno, haciendo ellos una producción con demandas e inquietudes independientes a las que comúnmente tenía el muralismo, el cual contaba con un estrecho vínculo político y social.

Dentro de esta generación estuvo uno de los pilares de la gráfica en México al que se le agradecen sus más de 900 portadas de libros y un sin fin de obra gráfica que ha marcado parte de la historia de la producción sobre papel en México. Vicente Rojo, diseñador y artista español de nacimiento, pero radicado hasta el día de su muerte en nuestro país; lugar que lo vió crecer, lo acobijó y en donde lo consideramos uno de los artistas más emblemáticos de nuestra historia artística y gráfica actual.

Una de sus producciones más emblemáticas fue la portada del libro del autor colombiano, Gabriel García Márquez “Cien años de soledad”, portada que catapultó a ambos artistas y que también permitió generar un estrecho lazo; el escritor cuenta que cuando se conocieron abundaba un aire de desdicha “Era el México mítico de los años sesenta, donde había que trabajar mucho para medio vivir, y si no nos quejábamos de la pobreza era porque no conocíamos nada mejor. Vicente se distinguía del resto de la pandilla por una austeridad monástica, por sus pocas palabras contundentes, por un inconformismo raro que no tenía sosiego, y una claustrofobia tan descarada que a veces se le notaba a la intemperie”.

Cuando escribió Gabriel García Márquez sobre Rojo, era el año 1999, época en la que abundaba la producción geométrica del artista, en torno a esto, él escribe “No era fácil relacionar su complejidad con la pureza geométrica de sus cuadros, donde predominaban los azules celestes, los blancos invisibles, los amarillos laminados en espacios tan bruñidos que hasta el papel en que estaban pintados parecía de metal. Es decir: tanto el pintor en su vida, como sus cuadros en las suyas, parecían domados por un pudor que se empeñaba en estallar y no encontraba por dónde”

Una de las corrientes que también vincularon al artista, fue el Abstraccionismo, de la cual se le consideraba un representante, ya que le resultaba importante más allá de la figuración plástica, la presencia de texturas, el juego del color y los planos posibles por medio de la geometrización. Su obra juega a partir de series, es una búsqueda concienzuda y constante de un problema que trabaja de múltiples maneras, que desgasta y que lo interrogan por un tiempo de producción en ella se asoma su identidad, su mal llamada esencia y parte de su memoria; se vislumbran en sus piezas su historia, la luz de libertad en su llegada a México, la tragedia de la época Franquista y su mirada nítida y perfecta que desde niño lo llevaba a acercarse al arte, al mundo de las formas en el que empeñado por entenderlas o desaprehenderlas viajaba entre círculos que se movían, triángulos que hacían lluvias de colores, cuadrados que se perdían entre manchas y colores; cuadros que al final no resolvían la inquietud de la forma, pero que nos hacen mirar más allá del formalismo, nos hacen ir a lo personal, a la vinculación emocional en la obra.

Encantado por la forma, pareciera poético pensar que este artista “moldeó” por medio de su obra y manera de producir, la plástica moderna en México, dió “apertura” (como a Rojo, le gustaba llamar a el movimiento de la “Ruptura”) a un corte que dió pauta a muchas propuestas, muchas posibilidades en donde se abrieron, muchas puertas, muchas ventanas y entró un aire fresco, un aire en eterno flujo. con razón Vicente, le llamaba la apertura, sabía que abría las posibilidades para futuras generaciones.

“Sus amigos de siempre lo sabemos desde siempre. Pero quienes lo conocen menos estarán sorprendidos de algunos síntomas casi imperceptibles pero afortunados que parecen escapar por las fisuras de sus obras más recientes. Quiero decir: el rubor con que Vicente Rojo trató siempre de preservar su fuero interior, y su misma voluntad de pintar como en puntillas para no tropezar con el pudor, parecen decididas ahora a abrirle paso al romántico espléndido que siempre ha llevado dentro y que siempre se ha resistido a ser.”Gabriel García Márquez.

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