Una lámpara puede dar el toque original a su espacio

Uno de los elementos compositivos esenciales en el diseño de interiores es la iluminación. A partir del descubrimiento del fuego y la luminosidad que este generaba, pudimos crear ambientes acogedores que nos resguardan de las inclemencias del tiempo. La invención de distintos métodos para generar luz a partir de combustibles naturales como el petróleo o las grasas animales, nos obligaron a crear utensilios para alumbrar; así surgieron las primeras lámparas, candelabros y candiles, realizados con materiales resistentes al fuego.

El surgimiento de la energía eléctrica y la urbanización fueron puntos de inflexión que determinaron la creación de aparatos duraderos y visualmente estéticos. La variedad de alternativas lumínicas durante el siglo XX, entre las que podemos enumerar los focos incandescentes, las luces de neón, las lámparas halógenas, los LED’s, entre otros, permiten una gama de luces aptas para diversas necesidades en decoración de interiores.

El diseño industrial del siglo pasado ha encontrado una gran variedad de soluciones de iluminación para espacios tan disímiles como hogares, oficinas, fábricas o bodegas industriales, y lugares de esparcimiento al aire libr

e. Detrás de una sencilla lámpara de escritorio o de un candil de grandes dimensiones existen

principios en común: buena calidad de luz, valores estéticos y uso dinámico de materiales y texturas.

El catálogo de la Subasta de Diseño del Siglo XX, contiene una variedad de objetos luminosos cuya constante es la facilidad de adaptarse a cualquier espacio, ya sea una lámpara de mesa Art Déco de Walter von Nessen, una lámpara de techo de Gaetano Sciolari, trabajos con cristal de Murano o los diseños atemporales de la firma Lightolier.

Una respuesta a “Una lámpara puede dar el toque original a su espacio”

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *